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martes 25 de agosto de 2009 ENTREVISTA A EMMANUEL LUCENTI

“Cuando me retire, voy a ser el más alto dirigente”

Emmanuel Lucenti, tucumano por naturaleza, líder por elección, se reunió con Red Marcial para charlar y así acercarle al lector un primerísimo primer plano de una de las figuras más destacadas del judo nacional.

Agustina Carini - Redacción

La cita fue pactada en las instalaciones del Centro de Alto Rendimiento Deportivo (CENARD). “El Emma”, con paso ágil pero no apurado, con sus 81 kilos y una campera del Club Atlético River Plate (“fue un regalo, por que soy fana de Boca” aclaró), nos recibió con una sonrisa que desmitifica la imagen ruda que se ve cuando lucha arriba de un tatami.

 
Emmanuel Lucenti, a las puertas del CeNARD, en una charla distendida con Red Marcial.
Lucenti es hijo de un padre contador y una madre diseñadora de interiores. Nació en Tucumán pero entre idas y venidas, hoy ya es porteño gracias al apadrinamiento del entrenador de la Selección Nacional de Judo.

Con toda una vida dedicada al judo que claramente se puede ver cuando se sube al tatami, Emma comenzó a entrenar judo a los 8 años, siguiendo los pasos de su padre “el judo era un boom en Tucumán” contó a Red Marcial y agregó: “también jugué al futbol y, no soy quien para decirlo pero, jugaba bien, podría haber llegado a primera, más que nada por la conducta que tengo”.


¿Siempre fuiste un chico con conducta?

No, tuve mi etapa de rebeldía, entre los 9 hasta las 12 pero jamás falté a judo. El chofer de mi papá me pasaba a buscar por futbol, si estaba muy sucio, me bañaba, si no, mi vieja me pasaba un trapito y me iba a la clase.

El judo era lo que más te gustaba…

Sí, me gusta mucho el futbol pero me identifico con éste Emmanuel, con las orejas rotas, musculoso, las manos lastimadas de la lucha. Me hubiera encantado seguir futbol porque tenía talento, condiciones físicas, entrenamiento y cuidado. Podría estar jugando en primera tranquilamente.

¿Cómo Lionel Messi?

No, ¡tampoco para tanto!

¿Quién es tu jugador de futbol favorito?

(Román) Riquelme, totalmente. Me siento identificado por su soberbia con clase.

¿Sos un chico soberbio?

No, completamente diferente, demasiado humilde a veces (risas).


No cabía duda de que Lucenti había nacido para el judo. Desde sus primeras experiencias arriba de un tatami se avistaba un futuro próspero en donde superaría a los países fuertes del deporte olímpico. Un poco gracias a su convicción de líder y otro poco a su hiperactividad constante.


“De chico era tremendo, mi vieja me bañaba en té de tilo para relajarme” rememoró con ávida precisión este ahora adulto, a quien las cosas siempre le resultaron fáciles de entender y ejecutar “desde que pisaba la colchoneta, me daba cuenta que era lo mío, me sentía tan cómodo, era algo muy natural para mi. El Sensei mandaba hacer algo, lo hacia y al rato me aburría, entonces terminaba haciendo cualquier otra cosa y me mandaban afuera castigado” contó entre risas.


De recreos, libros y guardapolvos

En la primaria, Lucenti era un chico “desastre” según sus propias palabras; con notas por debajo de lo normal para promediar, terminaba salvando las materias a fin de año gracias a que el director de la institución académica primaria le tenía mucho aprecio.

¿Nunca te gustó agarrar los libros?

No, pero ahora tengo tres libros en mi mesita de luz.

Entonces te gusta leer...

Sí, pero no me gusta que me impongan nada.

¿Tenes polenta de líder?

Sin duda, desde que nací. En el primer grado ya era líder. Soy líder con quien quiera que yo
 
Admira la "soberbia con clase" de Riquelme, aunque se define como demasiado humilde. Fanático de Boca y con campera de River, así desafía Emmanuel Lucenti y se planta dentro y fuera del tatami.
lo sea, y él que no, él se la pierde. Pero quien me sigue, sabe que no hago las cosas mal porque no me gusta, por eso no estudio.


El quinto en el Ranking Mundial de su categoría se describió como meticuloso y contó que en su paso por las academias de tercer nivel tenía notas por arriba del 9, pero una pregunta no resuelta en un examen le bastó para cambiar el rumbo. “¡Por eso soy líder! – repitió con euforia en la voz y aclaró- para algunas cosas soy inteligente”.

Una vez retirado ¿serias dirigente?

Sí, a morir, el más alto. Donde esté, en lo que sea en la Federación sería el de mayor rango.


“En el campo se vive mejor”

Aseguró Lucenti mientras se cruzaba de brazos y se relajaba en la silla del comedor del CENARD. A Ema le gusta la vida de campo, la nutrición saludable y la comida natural, esa que se siembra y se cosecha en una huerta y, de allí, directamente va al plato para ser degustada.

“Quiero tener otra calidad de vida y alimentación, puede sonar raro pero se nota la diferencia –explicó a Red Marcial y anunció- hoy por hoy, mi idea es irme a vivir al campo”.

¿Cómo te ves labrando la tierra y plantando tu propia comida?

Si se le paga a otro para que lo trabaje, está más fácil ¿no? (risas) soy medio inútil para eso.

¿Vas a seguir con tu carrera olímpica?

Obviamente. Como competidor tengo dos objetivos: una medalla en el mundial y una medalla en las olimpiadas. Después, lo demás no me interesa, no me hace ni más ni menos salir en una nota.


En este caso, el gran cambio vino acompañado de la influencia del maratonista y fanático de las montañas, Carlos Lezana “me ayudó mucho. Con él he aprendido mucho y fue cuando mejor me sentí”.


Sello argentino, garra tucumana

En el plano competitivo no hay lugar para sentimentalismos y es a todo o nada. A pesar de su hernia de disco, a lo largo de los años Lucenti obtuvo primer puesto en la Copa Simón Bolívar 2003, medalla de oro en el Sudamericano del 2006, segundo puesto en los Panamericanos de Montreal 2007 y medalla dorada el pasado 15 de febrero en Budapest.

Las victorias ¿para quién son?

Podrá sonar egoísta pero son para mí.

¿Qué tiene de distinto un judoca tucumano al resto de los judocas?

“Huevo”, garra, vamos de frente toda la lucha y, para ganarnos, nos tenes que moler a palos.

¿Cómo fue tu experiencia en Europa?

No fue fácil al principio. Casi me agarro a las piñas en el entrenamiento, porque te tenes que hacer respetar. Ahora, hasta los japoneses me respetan.


De Brasil a Buenos Aires

Con una agenda sumamente agitada, Lucenti aprovecha cada vez que puede para liberar su mente de presiones, pero mientras está en los zapatos del luchador de Judo, deja todo para aprovechar al máximo su cuerpo.

Viajó a Brasil para participar en la Copa del Mundo, en la cual logró el tercer puesto en su categoría. El cronograma lo trajo sin escalas a Buenos Aires para continuar sus entrenamientos.

Si el judo es tu vida ¿Qué pensás hacer cuando te retires?

Ser padre, formar una familia, tener mi propio negocio, porque me encantan. Para mi la plata no está en la facultad, está en la calle, creo que la plata es para los pícaros, no para los inteligentes.

¿Cuál competencia recordás como la mejor?

La nacional que gané el año pasado para clasificar en los Juegos Panamericanos. Le gané a mi eterno rival, Ariel Sganga. Le gané con “huevo” y con los árbitros en contra, porque yo soy del interior y él es de Buenos Aires.

¿Cuál fue tu peor lucha?

Con un alemán, me pegó una paliza que en mi vida me voy a olvidar.  Tiempo después, le gané.

¿Cuál es tu mayor victoria?

No soy “marketinero”. Me interesa que me valore el público, la gente que se “pela” el lomo y la transpira, que sabe lo que entreno y lo que soy como deportista. No la “gilada” que compiten una vez y no hacen más nada después. Esa es mi victoria.

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