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martes 10 de junio de 2008 INFORMES

Kerala, cuna de las especias

En el siglo IV antes de Cristo, Alejandro el Grande viajó hasta la India en busca del origen de las especias, subyugado por el misterio y el aroma.

Desde entonces, especias y viajes son inseparables: la seducción del azafrán o la punzante picazón de la pimienta pudieron alguna vez llevar a los viajeros de las narices por cualquier camino. Y ahora mismo, de igual manera, ejercen su atracción desde el lugar del planeta que las produce en mayor cantidad, la India, o más precisamente el turístico estado de Kerala, al sudoeste del país, bordeado por la costa de Malabar.


Los escépticos dirán que el atractivo de estos días no está en el color del jengibre o de la canela sino en el color del dinero. Y la verdad es que Kerala funciona, en el mundo moderno, como un enorme centro comercial bautizado “la capital de las especias” en tono de slogan publicitario. El misterio, sin embargo, permanece vivo.

Es sencillo comprender la fascinación de los pueblos antiguos frente a productos de la tierra de sabores contundentes, de atributos curativos o incluso de poderes afrodisíacos. Pero las cosas, en un punto, no cambiaron tanto. Cuando Vasco de Gama abrió la ruta de las especias, en 1498, el principal puerto de referencia era Cochin, el mismo lugar de la India que ahora funciona como aeropuerto desde donde parten los cargamentos hacia Europa, certificando que por aire o por mar el camino sigue trazado.


Tampoco hay grandes transformaciones en el comercio de Kerala. Con toda la técnica moderna a disposición, en muchos casos el procesamiento de las especias se sigue haciendo con métodos tradicionales que resultaron efectivos. Desde la cosecha hasta el secado, el proceso de tamizado para quitarle las impurezas y el embolsado se realizan en forma manual, lo que permite ponerle al producto final la etiqueta de “Auténtico” que tanto valora el mercado europeo. Los indios, por lo demás, tienen una larga tradición en la práctica de sacarle el jugo a la comercialización de sus riquezas naturales.

 Ya en la antigüedad las especias eran tan codiciadas como el oro. Occidente se las procuraba, en general, gracias a los fenicios y sus temerarias embarcaciones, al menos hasta la época del imperio romano, cuando los árabes tomaron la posta. De los romanos se sabe que las usaban como “dinero en efectivo” en operaciones de trueque. Hoy son los propios indios los que escatiman sus especias. Tanto las utilizan en su vida cotidiana que el país, pese a ser el mayor productor del mundo, es sólo el tercer exportador. Así se explica el Rogan Josh (cordero al curry) que se sirve en cualquier restaurante de la India, o la  Gushtaba (albóndigas con especias en yogur). Y los frascos artesanales en las farmacias, donde la medicina natural es ley, o la oferta de masajes aromáticos, o las fiestas religiosas donde las especias se ofrendan a los dioses y se trazan en la tierra dibujos coloreados con polvo de especias.

La magia de las especias permitirá, tal vez, ganar el favor de los dioses, pero a los comerciantes internacionales también les resulta una ofrenda interesante. La pimienta negra, por caso, no tiene un mero valor ritual en el resto del mundo. Si en las calles de Kerala cuesta menos de un dólar el kilo, es sabido que al llegar a Europa el mismo producto vale unos cuarenta dólares.

Los usos rituales, sin embargo, recuerdan el vínculo fuerte de las especias con el pasado. Las especias atravesaron muchos puertos sin perder su poder. Las Cruzadas de la Edad Media las convirtieron en frecuente moneda de cambio. La pimienta, casualmente, se cotizaba bien. Marco Polo se preocupó por detectar su procedencia en el siglo XIII y en los siglos siguientes Venecia concentró el comercio europeo de los sabores de Oriente. Cristóbal Colón, es sabido, andaba en busca de la ruta hacia la India cuando llegó a América. Y  cuando finalmente Vasco de Gama concretó esa aspiración, el camino quedó abierto para una colonización ansiosa que dejó en evidencia, una vez más, la poderosa ganancia potencial que las especias representan.

Artículo publicado el 28  mayo de 2000 en la Revista Viva
Texto: Sonia Jalfin
Fotos: Vo Trung Dung
Editado por Red Marcial

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