"Poder realizar este viaje significó recién comenzar a recorrer este largo camino. Es un camino que para algunos no resultará atractivo porque implica compromiso y responsabilidad, y porque principalmente es un camino de búsqueda con resultados a largo plazo, pero estoy seguro que también hay muchos que sabrán valorar este esfuerzo porque redundará en ofrecer una enseñanza y una práctica de calidad. A través de este artículo intentaré transmitir y compartir con los lectores esta primera experiencia en Filipinas, tierra madre del Kali."
Nicolás Wachsmann
Introducción
Durante el mes de febrero de 2006 y después de muchos esfuerzos logré concretar quizás el mayor sueño de todo practicante de Kali: conocer el país y la cultura que dio origen a este fascinante arte de combate. Poder conocer Filipinas y entrenar con uno de los maestros más destacados y reconocidos en todo el mundo, el Grand Tuhon Leo Gaje del sistema Pekiti Tirsia, fue una experiencia única y difícil de olvidar.
Muchos me cuestionaron en su momento para qué semejante viaje, semejante esfuerzo, yo mismo en algún momento dudé y me pregunté si valía la pena, sobre todo teniendo en cuenta que no me sobra el dinero y vivo de un modesto salario como miles de personas en nuestro país. Es una realidad que entrenar seriamente cualquier arte marcial en Argentina requiere sobre todo de mucha pasión, de mucha constancia y de mucha paciencia, porque la situación económica nunca ayuda y las mentes estrechas abundan lamentablemente en este medio; pero si además lo que uno está dispuesto a entrenar y a difundir es un arte nuevo en Argentina, muy poco conocido en nuestro país y en Latinoamérica, y que para muchos no significa ningún "negocio", las dificultades se multiplican y la pasión se pone a prueba.
Conociendo estos obstáculos - y a pesar de ellos - hace algunos años nos propusimos en la Academia Katipunan hacer todo aquello que estuviera a nuestro alcance para entrenar y difundir el auténtico Kali de la forma más seria y responsable posible. Para lograr esto era necesario no estancarse, entrenar y seguir avanzando en nuestra capacitación aprovechando cada oportunidad, sin mentir, sin ofrecer un "producto" atractivo en su envase pero con un contenido de muy dudosa calidad y procedencia; nos propusimos este objetivo por respeto hacia los estudiantes que se nos fueron acercando pero principalmente por respeto hacia la cultura filipina. Este viaje fue un paso muy importante en este sentido.
Creo que para comprender en profundidad un arte como el Kali no alcanza con saber algunas técnicas, no alcanza tampoco con saber algunos malabares con un bastón, tampoco alcanza con ponerse coloridos disfraces blandiendo un cuchillo solo para la foto, creo que es necesario invertir mucho tiempo y energía en vincularse estrechamente con las costumbres, los orígenes, las creencias, experiencias históricas y cotidianas tanto de los filipinos como de las culturas que los influenciaron. Al respecto Guro Dan Inosanto planteaba en una entrevista lo siguiente: "Estudiando y comprendiendo la cultura y la historia se entiende mejor un sistema de combate"... "Un alumno ha de empaparse de la historia, de las gentes, del estilo de vida de esa región para poder comprender la mentalidad de la lucha".
Poder realizar este viaje significó recién comenzar a recorrer este largo camino. Es un camino que para algunos no resultará atractivo porque implica compromiso y responsabilidad, y porque principalmente es un camino de búsqueda con resultados a largo plazo, pero estoy seguro que también hay muchos que sabrán valorar este esfuerzo porque redundará en ofrecer una enseñanza y una práctica de calidad.
A través de este artículo intentaré transmitir y compartir con los lectores esta primera experiencia en Filipinas, tierra madre del Kali.
Viaje a los orígenes
Después de treinta horas de vuelo y recorrer unos veinte mil kilómetros finalmente llegué al Aeropuerto Internacional Ninoy Aquino, en Manila, donde me esperaba el Maestro Leo Gaje en persona.
Quizás uno de los aspectos de Filipinas que más llaman la atención al viajero proveniente de un país de habla hispana es la enorme cantidad de huellas que han dejado en la vida cotidiana de este país los más de trescientos años de ocupación española. Si bien Manila fue arrasada por las tropas japonesas durante la Segunda Guerra Mundial, esta ciudad sigue mostrando señales del pasado español, desde nombres de calles hasta la numerosa presencia de iglesias católicas dan cuenta de ello. Es una ciudad gigantesca con enormes contrastes tanto en lo social como en lo arquitectónico, absolutamente caótica y plena de vida en sus calles y mercados.
Después de unas pocas horas de estar en el país se puede percibir la increíble hospitalidad de los filipinos. Fue realmente un privilegio poder conocer las zonas más relevantes de Manila con el maestro Leo Gaje como guía turístico de lujo. Mientras recorríamos distintas partes históricas de la ciudad charlamos sobre Kali, sobre la historia de su pueblo, sobre sus primeros alumnos en EEUU, sobre las penurias y vivencias de su familia en la Segunda guerra mundial, etc. Durante mis primeros días en Filipinas me encuentro con Guro Ron Kosakovski de EEUU que venía de entrenar Kun Tao Dumpag en la zona de Mindanao, y además con los principales referentes del Pekiti Tirsia en Filipinas: Rommel Tortal y Jasper De Ocampo, con quienes en unos días compartiría mi entrenamiento.
Para entrar en contacto directo con las raíces de su sistema y del Kali en general, el maestro Gaje consideró de vital importancia viajar y conocer la isla de Negros, en la zona central de Filipinas, tanto la familia de Gaje como su sistema son originarios de esta región. Al llegar a la ciudad de Bacolod, capital de la provincia, me recibieron muy afectuosamente en su hogar la señora de Gaje junto a uno de sus hijos. Además tuve el honor de conocer y mantener charlas sumamente interesantes con Luis Arellano, profesor de historia y principal responsable dentro del grupo cercano al maestro Gaje de llevar adelante el trabajo de investigación y recuperación de la verdadera historia de Filipinas y de sus artes de combate, historia encubierta y distorsionada primero por los conquistadores españoles y luego por los norteamericanos. Una de las cosas que más llamaron la atención a mis anfitriones es el nombre de nuestra escuela en la Argentina y sobre todo que supiéramos su significado. El Pekiti Tirsia lleva adelante desde hace años un duro trabajo de reivindicación del papel del movimiento revolucionario "Katipunan" en la guerra contra los españoles, no solo porque este movimiento logró unificar a las distintas corrientes independentistas sino además porque este grupo empuñó, en su heroica lucha contra los invasores, las armas nativas que habían sido prohibidas por la ocupación: los Kalis y Bolos, nombres genéricos dado a las armas de filo originarias de la cultura indígena del archipiélago. Por eso fue realmente motivo de una gran alegría para ellos saber que en un país tan lejano como Argentina existen hoy también "katipuneros" practicando y difundiendo las artes de combate originales del pueblo filipino.
Silay
Recorriendo Filipinas y especialmente las zonas más alejadas de Manila, se puede percibir realmente lo que significa una cultura que vive cotidianamente en contacto con las armas de filo. Desde la infancia los filipinos juegan o conviven con cuchillos, machetes, etc. Si bien el Kali como arte original de la región está siendo redescubierto recién ahora como patrimonio histórico por muchos habitantes, el hecho de estar tan acostumbrados al manejo de este tipo de armas convierte a muchos de estos pobladores en temibles cuchilleros, tal vez la sistematización técnica no la posean, pero instintivamente utilizan movimientos y técnicas presentes en el Kali. En el caso de la familia Tortal estos movimientos, técnicas y conceptos han sido organizados y vienen siendo transmitidos de generación en generación.
Durante nuestra visita a la ciudad de Silay, en Negros occidental, pude ver en pleno trabajo al herrero personal del Maestro Gaje, fabricando sus ginuntings, barongs, kampilangs y kerambits. Armas que se utilizan hoy en el entrenamiento cotidiano del Pekiti Tirsia y no solo para mantener la tradición, sino para entrenar por ejemplo a la Infantería, que utiliza el ginunting como arma reglamentaria.
Muchos sistemas de combate filipinos contienen como área de estudio avanzado el arte del Hilot, que se puede entender como el arte de curar. Como sistemas integrales un practicante avanzado de Kali aprende y entrena cómo dañar o matar, pero al mismo tiempo cómo sanar o aliviar el dolor. Luego de visitar al herrero de Gaje fabricando sus armas pude experimentar el arte del Hilot en mi propio cuerpo, poder ver en acción a un Manghihilot, un verdadero maestro de estas artes, es una sensación muy difícil de transmitir. Si bien lo que recibí básicamente fueron unos excelentes masajes y estiramientos, lo que más me intrigó fue la capacidad para descubrir cuáles eran mis zonas "menos saludables" simplemente tomándome el pulso.
Pero sin dudas uno de los momentos que quedarán grabados con más intensidad en mi memoria fue nuestra visita a una población formada por descendientes directos de los llamados "negritos", uno de los grupos migratorios originales que arribaron al archipiélago. Es justamente por este grupo étnico que la isla lleva el nombre de Negros.
Estos pobladores se caracterizan por su muy baja estatura, con una contextura física similar a las tribus pigmeas de África, pero además por utilizar para sus trabajos cotidianos las armas originales del Kali: los bolos, ginuntings, etc. Las mismas armas que había podido ver en su proceso de fabricación, ahora las veía siendo utilizadas por los habitantes más antiguos de la región. Ambas experiencias me pusieron en contacto muy cercano con las raíces del arte y me hicieron entender que la esencia del Kali y de la cultura filipina, tanto en el pasado como en el presente, es la relación estrecha con las armas de corte. Ya sea para la guerra, para resolver disputas personales o para la labor diaria, la hoja afilada siempre está presente y generalmente tiene la última palabra.
Gentileza: Prof. Nicolás Wachsmann - Pekiti Tirsia Latinoamérica
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