La delegación cubana tuvo destacada actuación al obtener tres platas y tres bronces.
Sin dudas, el judo cubano tiene historia y tradición. Con una política deportiva de gran apoyo a la especialidad, casi no tiene rivales entre los latinoamericanos, por este motivo, llegaban a Beijing con la esperanza de colgarse varias medallas ¿El resultado? Seis preseas.
La numerosa delegación tenía sus mayores esperanzas puestas en el equipo femenino, que liderado por la multicampeona Driulis González esperaba dar la mayor cosecha para su país. No defraudaron, aunque su máxima estrella no pudo subirse al podio por primera vez en los cinco juegos olímpicos en los que participó, ya que la japonesa Ayumi Tanimoto fue superior y la eliminó con contundencia.
Por su parte, Yanet Bermoy, Anaysi Hernández y Yalennis Castillo llegaron a la final olímpica pero ninguna pudo ganar su combate y debieron colgarse la medalla de plata. Cayeron ante la rumana Alina Alexandra Dumitru, la japonesa Masae Ueno (campeona en Atenas 2004) y la china Xiuli Yang, respectivamente.
Los otros tres representantes cubanos que se subieron al podio fueron Idalmis Ortiz, Oscar Brayson y Yordanis Arencibia. La judoca venció por ippon a Tserenkhand Dorjgotov (Mongolia) en la lucha por el Bronce, mientras que Brayson se recuperó de la caída en semifinales ante el uzbeco Tangriev y derrotó al iraní Rodaki para volver a la isla con una presea colgada. Arencibia tuvo una suerte similar a la de su compañero, ya que estuvo a un paso de la definición, pero luego debió sufrir para ganarle al ruso Alim Gadanov en el repechaje.
De esta forma, Cuba revalida su favoritismo al ser protagonista en casi todos los pesos, y demuestra que tiene buen material para continuar con los éxitos en el futuro.
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