Luego de los inicios de los primeros UFC ocurrió una impresionante proliferación del Brazilian Jiu-Jitsu en todo el mundo. El arte suave se convirtió en materia obligatoria no solo para quienes aspiraban a competir dentro de las MMA, sino para todos aquellos que buscaban ser luchadores completos, capaces de ser efectivos en cualquier distancia de combate.
Luchadores como Royce Gracie, “Minotauro” Nogueira, ni hablar de Rickson demostraron que es factible vencer en un combate real pese a estar en desventaja física. Estos luchadores especialistas en finalizaciones y lucha de piso demostraron una sorprendente facilidad para realizar estrangulaciones, provocando la rendición casi automática de sus rivales de turno o en casos más extremos el desvanecimiento de los mismos.
El Brazilian Jiu-Jitsu fue incorporado por diversas fuerzas de seguridad y policiales, otros sistemas de combate como el Krav Maga se alimentaron de sus técnicas, la razón fundamental es su alto grado de eficacia y su rápido aprendizaje.
Estrangulaciones
Estas técnicas funcionan de manera muy particular y efectiva, son tan útiles que una persona correctamente instruida en pocos meses obtiene la capacidad para desvanecer a un agresor en solo cuestión de segundos.
Fisiología
Las estrangulaciones efectivas detienen el ingreso de sangre oxigenada que llega al
cerebro a través de las arterias carótidas, mediante técnicas específicas de presión en la zona del cuello en un tiempo máximo de diez segundos. Si bien existen técnicas de presión en la zona de la tráquea, estas no son las más eficaces a la hora de conseguir una finalización, ya que el trabajo en dicha zona interrumpe el ingreso de aire a los pulmones, con lo cual la mayoría de los atletas preparados, pueden resistir por más de un minuto estas interrupciones.
Una técnica de estrangulación controlada no produce daños estructurales en el sistema nervioso de quién la padece, tampoco provoca dolor, y por ello es tan efectiva tanto en el plano deportivo como en el área de la seguridad ya que es posible dejar a un adversario fuera de combate sin la necesidad de provocarle un daño físico.
Numerosos estudios clínicos, demostraron que en condiciones normales, no es necesario aplicar técnicas de reanimación al adversario, el cual recupera su conocimiento en un tiempo menor a treinta segundos. El sistema vascular recupera su elasticidad en segundos, el flujo de sangre oxigenada vuelve a circular hacia el cerebro en forma casi automática, con lo cual la persona recobre rápidamente el conocimiento.
Nota: Jorge Porfilio Cubiló
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