Por primera vez en los Juegos, tres hermanos obtuvieron medallas, sin embargo, la alegría no estuvo completa ya que todos fueron por el Oro y ninguno lo consiguió.
Matías Ojea - Redacción
Cuando los nicaragüenses Julio López y su esposa Ondina arribaron a los Estados Unidos en 1972 jamás pensaron que de esa familia iban a surgir tres de los mejores exponentes de una disciplina deportiva. Es que desde niños, los hermanos López se abocaron de lleno al taekwondo y en la actualidad son una marca registrada.
El hasta ahora infalible equipo está compuesto por Jean (el mayor de la familia, ex atleta y actual entrenador), Steven (multicampeón del mundo y bicampeón olímpico), Mark y Diana, quienes también se impusieron a nivel global. Juntos llegaron a Beijing para hacer historia y con un solo objetivo en mente: conseguir los tres Oros.
Sin embargo, la suerte fue dispar para los López, que igual se metieron en los libros de records al obtener sus respectivas medallas, aunque ninguna de las tan ansiadas doradas.
Desde que el taekwondo irrumpió en Sydney 2000, Steven, de 29 años, arrasó con todo a su paso. Reconocido como el mejor de la especialidad se subió a lo más alto en los dos Juegos anteriores. Lamentablemente, su hegemonía terminó a manos del italiano Mauro Sarmiento, luego derrotado por el iraní Hadi Saied en la final de la categoría -80 kg. Ante esta sorpresiva caída, el estadounidense pasó al repechaje donde debió imponerse en tres combates para llegar al Bronce.
Por su parte, Mark (-68 kg) fue el que consiguió la labor más destacada al llegar a la definición. El atleta de 26 años hizo una gran pelea ante el coreano Taejin Son, pero terminó perdiendo en los últimos segundos cuando su rival le propinó un golpe que determinó el 3 a 2 final. "No puedo negarlo, estoy algo decepcionado porque venía por la medalla de oro, la de plata está bien pero me preparé para ganar la de oro", aseguró a los medios de su país.
La menor del clan López, Diana (-57 kg), sufrió mucho para colgarse su primera medalla olímpica, ya que al ser derrotada por la turca Azize Tanrikulu debió esperar que su vencedora llegara al combate decisivo para tener la chance de luchar por el tercer lugar. Allí, se vio las caras con la italiana Verónica Calabrese a la cual superó recién en muerte súbita, demostrando un gran espíritu de recuperación.
La Plata y dos Bronces obtenidos por estos hermanos estadounidenses pueden ser la envidia de cualquier otro país americano, sin embargo, para estos superatletas solo vale el oro, aunque en este caso hayan entrado en la historia de los Juegos Olímpicos.

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