Mi maestro había venido a dictar un seminario a mi provincia y a tomarles exámen a los alumnos del Dojo. A pesar de haber pasado casi todo el día entrenando, tenía todavía ganas de pasar el tiempo conmigo aunque fuera ya muy tarde a la noche.
Mientras estábamos allí charlando de todo un poco me miró de una forma muy extraña y me dijo:
-Debes aprender a ser maestro de errores.
Él debe de haber leído en mi cara que analizaba lo que acababa de decirme, de modo que prosiguió:
-Un verdadero maestro no es aquel a quien todo le sale bien. Un verdadero maestro es ese que aprende de sus propios errores, porque si todo lo haces bien... ¿Cómo podrás enseñar el camino a aquellos que deben aprenderlo?
Me di cuenta que empezaba a entender a mi Sensei, comprendía perfectamente hacia donde apuntaba, pero fue más allá y continuó explicándome:
-Fernando, aquella persona que puede ver sus errores y busca corregirlos está siempre en el camino, siempre evoluciona, siempre lucha por ser mejor. Mientras más errores encuentres en ti mismo mejor será, ¡Por ello debes volverte un maestro de errores!
Me abrí entonces con él y le dije:
-Sensei a veces soy muy duro conmigo mismo, no tolero hacer mal las cosas y busco la perfección en la técnica.
Mi Sensei sonrió, me miró a los ojos y me dijo con voz de complicidad:
-Yo era igual que vos al principio, luego comprendí que intentar alcanzar la perfección técnica no estaba mal, lo erróneo era llegar a creer uno mismo que la había alcanzado. Si te crees esa tontería habrás detenido, exactamente en ese preciso punto, tu progreso.
Sabía lo que intentaba decirme, lo comprendía perfectamente, y estaba muy agradecido con él por la lección que me estaba dando. Me sentí muy afortunado de tener esa plática con mi Sensei.
Luego de unos minutos en silencio, él volvió a mirarme y me interrogó:
-¿Sabes tú lo que debes mejorar? ¿Eres conciente de lo que tienes que trabajar?
Me sentí trabado, quería decirle que tenía tantas cosas para seguir mejorando, para seguir trabajando, le dije que solo quería hacerlo sentir orgulloso de mi, honrarlo con mi práctica, pero no hizo falta, mi Sensei sabía perfectamente lo que quise decir pero no pude en ese momento:
- Fer - me dijo- Sé que tienes buena técnica, sé que tienes buena madera y que sientes el Aikido con el corazón y eso es todo lo que importa y necesitas. Aprende de tus errores siempre, conviértete en un maestro de errores, sigue creciendo, sigue aprendiendo, pero por sobre todas las cosas: ¡sigue equivocándote!, que yo estaré allí siempre para ayudarte a aprender de tus errores y vos me ayudaras a aprender de los míos.
Me sentí sumamente afortunado por haber compartido esos momentos con mi Sensei, sé que los atesoraré por siempre y que trabajaré con todo mi empeño y entusiasmo para llegar a convertirme en "un maestro de errores". ¡Muchas gracias Sensei Juan Tolone!
Texto: Fernando A Cartofield (Fundación Aikido Cuyo)
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